Imagina un naufragio en medio de la ciudad. ¿Qué sucedería si alguien se quedara aislado todo un fin de semana casi sin alimento ni agua y sin posibilidades de comunicarse con alguien? ¿Qué pasaría si esta paradoja se diera en el corazón mismo de la ciudad?
Esto es parte de lo que esta película intenta averiguar. La sociedad contemporánea vive una paradoja increíble. El mundo se ha globalizado, las distancias se han empequeñecido gracias a las nuevas tecnologías –satélites, internet, manejo de información por medios digitales- sin embargo hoy, que mayores posibilidades tenemos para comunicarnos y que poseemos herramientas cada vez más poderosas, es cuando descubrimos individuos que viven diariamente inmersos en una terrible soledad. Por otro lado, esta misma sociedad ha provocado individuos cada vez más competitivos que, en un país como el nuestro, donde las diferencias de clase e, incluso, de color de piel pesan en las decisiones laborales y empresariales, luchan por los suyo utilizando, incluso, las estrategias éticamente más cuestionables y ejerciendo el poder que la misma sociedad les otorga.

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Este es el mundo laboral donde buena parte de la clase media mexicana se desenvuelve: un mundo de competencia atroz, sin misericordia, que utiliza toda clase de prejuicios (de clase, de estatus social, de educación, de género) para tomar decisiones para favorecer no al más capaz o al mejor preparado, sino al que reúne las características del “deber ser”: (el güerito, el de “buena” familia, el de universidad privada, el hombre). Este mundo laboral está plagado por los “wanna be”, clasemedieros con pretensiones de mejorar su estatus sin saber que eso resulta imposible, pues reúnen intrínsecamente un montón de aquellas características que, en ese entorno, resultan intolerables. Los personajes habitan y son víctimas de este entorno laboral, donde las decisiones se toman por un juego de squash o porque la competencia tiene mejores piernas. Un mundo donde el fin justifica absolutamente todos los medios.

La intención de la película es que los seres humanos somos formados de sentimientos, iguales para todas las clases sociales. Estos sentimientos son los que nos acercan a los demás y nos permiten crecer como personas.